Las luchas estudiantiles para transformar las universidades paraguayas

5 de 6 universidades revisadas en #PasóEnLaU no dieron respuesta sobre la existencia de protocolos contra el acoso

La violencia contra las mujeres en Paraguay no solo ocurre en los espacios privados (como la familia) también se da en los espacios públicos, la universidad es uno de ellos. En este entorno, en el que además no hay protocolos contra el acoso y la violencia sexual, las estudiantes paraguayas han decidido tomar la batuta y empujar una transformación a través de iniciativas como seminarios de género y propuestas para la creación de protocolos para hacer frente a esta situación, al menos en el ámbito universitario.

Por Norma Flores Allende (Paraguay)

 

Las universidades de Paraguay constituyen el reflejo de un país sumamente violento contra las mujeres como lo demuestra el incremento en las denuncias de casos de feminicidio en los últimos tres años. Pero en este país, las estudiantes han decidido sobreponerse a la violencia y al silencio.

“Creemos que la universidad también está evadiendo tomar posición e investigar las causas de lo que sucede en toda la sociedad paraguaya: niñas embarazadas, sacerdotes abusadores, acoso callejero, explotación laboral y sexual, violencia intrafamiliar, etcétera. Ningunx de nosotrxs al socializar en esta sociedad, que acepta y normaliza la violencia, estamos excentxs de reproducir pasiva o activamente estas relaciones violentas. Es hora de romper el silencio y debatir entre todxs qué haremos como sociedad para cambiar esto”, dice Ana Portillo, egresada de la carrera de Sociología de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” (UCA).

Las movilizaciones de las estudiantes han sido impulsadas desde las instituciones más antiguas del país: La Universidad Nacional de Asunción (UNA), pública, creada en 1889, y la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” (UCA), universidad privada y confesional creada en 1960. Ambas universidades son consideradas como las más prestigiosas en el país pero, al mismo tiempo, han sido epicentro de escándalos de acoso sexual por parte de docentes a estudiantes que han trascendido a diferentes medios de comunicación, tal es el caso de Cristian Kriskovich, docente de la Facultad de Derecho de la UCA y el de Gustavo Rodríguez Andersen, de la Facultad de Medicina de la UNA.

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Los colectivos universitarios que han organizado iniciativas ante la violencia de género en la UNA se encuentran aglutinados en la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) y son Rosa Luxemburgo, de la carrera de Trabajo Social y Mujeres Cientistas Sociales (MUCSO), de la carrera de Sociología. En la UCA, CREAR es el colectivo de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas que ha impulsado acciones en tal universidad.

Estos colectivos han presentado propuestas de protocolos para casos de violencia de género en sus universidades. Por un lado, en el caso de la UCA, dicha propuesta, presentada con más de 60 firmas recolectadas de estudiantes, docentes y funcionarias/os, lleva congelada desde el 22 de agosto del 2016, fecha en que fue presentada. La universidad no ha respondido hasta lo que va de 2019.

La elaboración y presentación de la propuesta de protocolo por parte de estudiantes fue consecuencia de la realización de un seminario de género desde las ciencias sociales, también iniciativa estudiantil.

“El protocolo fue una excusa para abrir el tema e interpelar”, señala la estudiante Ana Portillo. “Salimos del esquema tradicional de dar clases para ejercer el debate”, agrega al punto de explicar que el objetivo no es solamente implementar un protocolo sino “mirar la universidad como una institución patriarcal”, y ella misma añade: “en la universidad los mecanismos de violencia sexual construyen una forma de conocimiento que luego es estimada como única válida”. Por ello, afirma la universitaria, la verdadera disputa consiste en incluir la perspectiva de género en la academia y en transformar el tipo de conocimiento que emana de las universidades paraguayas.

“Queremos dejar de normalizar la violencia de género y denunciar el machismo que está presente en las aulas. Urgentemente solicitamos un protocolo que establezca qué hacer ante los casos de violencia de género, para garantizar la no impunidad y las sanciones correspondientes a quienes ejerzan la violencia. Además, queremos un espacio permanente para el análisis académico y la reflexión: una cátedra permanente de Género en las Ciencias Sociales y un Observatorio sobre Estudios de Género dentro de la Universidad”, abunda la estudiante Ana Portillo.

Por otra parte, en la FACSO-UNA la propuesta, presentada en el 2018, está siendo analizada por las autoridades de dicha unidad académica. “Queremos que siempre se entienda que este es un proyecto que siempre fue iniciativa de los estudiantes y queremos promover también proyectos similares en otras unidades académicas para que desde abajo, de alguna manera, presionemos para tener un protocolo para toda la UNA y todas las otras filiales del país”, explica Giselle Bobadilla, del colectivo Rosa Luxemburgo de la FACSO-UNA.

Mabel Candia detalla que como estudiantes de la carrera de Trabajo Social en la FACSO, “el día de mañana, como trabajadores sociales, vamos a trabajar con personas vulnerables. Sí o sí trabajamos con niñez, con indígenas, por ejemplo. Entonces, para nosotras también es muy importante que los egresados de la carrera tengan esa perspectiva para luego trabajar con la sociedad”. Jazmín Pozzo, también integrante de Rosa Luxemburgo, afirma que la iniciativa del colectivo es como una red que apunta, no solo a nivel UNA, sino también a la vida cotidiana de cada estudiante y egresado, en sus espacios de trabajo.

El sistema universitario paraguayo posee la particularidad de estar concentrado casi en su totalidad en el sector privado. De las 54 universidades habilitadas por la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES) solamente 8 son estatales. Más del 70 % del estudiantado acude a instituciones de carácter privado.

La abogada Elba Núñez recuerda que existe un marco jurídico que obliga a las instituciones tanto públicas como privadas del país a adoptar medidas contra la violencia de género. No obstante, ante este incumplimiento, las víctimas se encuentran completamente desprotegidas al momento de denunciar ante las represalias por parte de los docentes. La especialista sostiene que urge una voluntad política de parte de las universidades (para hacer frente a la violencia de género a través de los protocolos) para que estos hechos no sigan ocurriendo.

La apelación a esta voluntad política se entiende si pensamos en casos como el del docente Cristian Kriskovich en la Universidad Católica, quien no solo continúa impune a la fecha a pesar de haber admitido públicamente “cortejar y galantear” a una estudiante sino que además el profesor, presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y miembro del Consejo de la Magistratura, demandó a la alumna exigiéndole 450 mil USD por “dañar su imagen”.

“La impunidad genera mayores situaciones de violencia y da un mensaje a la sociedad alentando que las prácticas continúen”, explica la académica Elba Nuñez, quien ha realizado investigaciones sobre hechos de violencia de género en las universidades paraguayas.

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Al hablar de acoso y violencia sexual en las universidades paraguayas, cabe destacar,  además, la invisibilización y desprotección de personas LGBTI+ en el sistema universitario. Elba Nuñez resalta esta situación al hablar del caso de las mujeres trans y/o travestis a las que muchas veces inclusive se les niega la inscripción en las universidades:

“Podemos decir que las universidades tanto públicas como privadas en Paraguay tienen una gran deuda pendiente con el derecho de las estudiantes a vivir una libre de violencia. En este sentido deben dar muestras claras de estar libres de violencia de género y para ello deben adoptar protocolos, mecanismos y cuando ocurren hechos deben ser investigados y sancionados los responsables además de brindar garantías a las estudiantes”, finalizó la académica.

¿Qué dicen las autoridades universitarias?

Para este texto, Distintas Latitudes buscó a las instituciones paraguayas correspondientes para saber el número de matrícula de las 6 universidades seleccionadas como muestra para #PasóEnLaU (ver metodología) y conocer si cuentan con protocolos para prevenir y/o sancionar el acoso y la violencia sexual (ver base de datos de esta investigación); sin embargo, hasta la fecha de publicación de este texto (20 de marzo) el Consejo de Educación Superior (CONES), organismo regulador, no ha dado respuesta sobre los datos mencionados.

Mientras que, de las 6 universidades paraguayas consultadas: Universidad Nacional de Asunción (UNA), Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” (UCA), Universidad Autónoma de Asunción (UAA), Universidad Nacional de Pilar (UNP), Universidad Americana (UA) y la Universidad Nacional del Este (UNE), solo la UNA nos dio una respuesta de seguimiento a nuestra petición de información y nos indicó que nuestra solicitud fue girada a la Dirección General de Planificación y Desarrollo perteneciente a su institución.

No sobra decir que la UNA no cuenta con protocolo, pero como se ha relatado en este texto el colectivo Rosa Luxemburgo de la FACSO-UNA elaboró una propuesta para su creación.

En tanto, la UNP y UA no han respondido a DL; y la UAA, la UCA y la UNE han rechazado el pedido de información que hicimos para esta investigación regional.

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